Desde el piso mirador de esta
Torre Marine hasta el Tokyo Skytree hay aproximadamente 33 kilómetros. En los días de aire limpio y cielo despejado, esa esbelta torre blanca emerge en el horizonte norte como una sola línea trazada con delicadeza sobre el firmamento. En tren, apenas una hora de distancia. Y sin embargo, en ese espacio intermedio se superponen dos historias radicalmente distintas, las de dos ciudades que siguieron caminos propios. En el período Edo, Yokohama era todavía un pueblo tranquilo que vivía de la agricultura y la pesca. Mientras tanto, al norte, ya latía con fuerza Edo, una metrópolis de un millón de habitantes. Cuando los barcos negros llegaron desde el otro lado del mar para asomarse a la garganta misma de Edo, el shogunato eligió este lugar —Yokohama— como puerto de apertura al mundo. Un sacrificio destinado a proteger Edo. Pero, paradójicamente, fue precisamente entonces cuando Yokohama comenzó a forjar su propia cultura a una velocidad vertiginosa. Las lenguas de Occidente, su gastronomía, su arquitectura, su música: todo cuanto llegaba por mar fue recibido aquí primero, no en Tokio, sino en esta ciudad portuaria. Observe ahora el panorama que se despliega ante usted. En primer plano,
el puerto y la trama urbana de Yokohama; más allá, como una sombra tenue, la silueta encadenada de los rascacielos de Tokio. El Skytree, concluido en 2012, es una de las torres de telecomunicaciones autoportantes más altas del mundo, con 634 metros de altura. El barrio de Oshiage, en Sumida, donde se alza esa torre, fue en otro tiempo tierra de artesanos del antiguo barrio popular. Y Yokohama, en cambio, fue el puerto por el que pasearon marineros y comerciantes venidos de tierras lejanas. Ambas, sin embargo, resuenan la una con la otra de un modo singular: en las dos, la cultura nació del calor de la vida cotidiana del pueblo. Esta distancia, vista desde otro ángulo, es algo así como un corredor: el corredor por el que Japón salió al encuentro del mundo allende los mares, absorbió el impacto de ese encuentro, lo transformó a su manera y lo hizo suyo. El lugar donde usted se encuentra ahora mismo es el punto de partida de ese corredor. Si hoy el cielo está despejado, es su día de suerte. Dirija la mirada hacia el norte desde la Torre Marine. En el instante en que distinga la silueta de aquella torre delgada, quizás sienta, por un momento, el hilo invisible que une a estas dos ciudades. Quien llega a vivir un día así es, verdaderamente, afortunado.
Distancia en línea recta desde la Torre Marine: aprox. 33 km
Altura del Tokyo Skytree: 634 m
Año de finalización: 2012
Ubicación: Oshiage, Sumida, Tokio
Estructura: torre de telecomunicaciones autoportante
Condiciones de visibilidad: visible a simple vista desde el piso mirador en días soleados y de aire limpio